Diciembre  2002 / nº 14

Otras críticas











  Crítica


En La Gangsterera mantenemos la ilusión de construir una sección de crítica especializada en novela negra, novela policial; una lamentable ausencia en el conjunto de publicaciones y secciones literarias. A menudo esta literatura considerada como un género menor, a los ojos de la critica, parte en desventaja, y entre obras de igual calidad literaria la novela de género siempre tiene las de perder, de ahí el poco caso que se le hace en las atalayas de la kultura oficial.

Desde esta modesta tribuna queremos dar voz a los críticos naturales de la novela negra-policial, los aficionados lectores, que a pesar o gracias a, que no son profesionales de la crítica, están construyendo un lenguaje original que sirve de criba a sus placenteras lecturas.

 


RETORNAMOS COMO SOMBRAS
©Paco Ignacio Taibo II (2001)
Ediciones Destino (2001)

Jesús C. Lens Espinosa de los Monteros.


Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, Ernest Hemingway se compró un barco, el Pilar, lo armó, acondicionó y pertrechó de bebidas para dedicarse a recorrer las aguas del Caribe en una constante búsqueda de submarinos alemanes, con la inequívoca intención de entablar singular combate con ellos. Sus biógrafos nos indican que la búsqueda fue permanentemente infructuosa y que, por tanto, no tomó parte activa en la gran guerra.

¿Seguro? Yo no lo estaría tanto. ¿Dónde estaba Hem. en la primavera del 42? - En Cuba, contestarán los más puestos. ¿Y no se movió de allí? Concretamente, ¿dónde estuvo la semana siguiente a una de sus más apoteósicas borracheras, conseguida a base de deleitarse con decenas de daiquiris por la zona del Malecón? Ahí, hasta los más expertos estudiosos de la vida del genio han de callar. Esa semana es un agujero negro en la biografía de Don Ernesto. O lo era. Porque Paco Ignacio Taibo II, biógrafo de otro Ernesto, ese Ernesto Guevara, también conocido como el Che, nos trae memoria de aquéllos días en su última obra "Retornamos como sombras".

Unos días que transcurrieron en un México convulso que se debatía entre una neutralidad aparente y una severa pugna entre germanófilos convencidos y aliadófilos pragmáticos.

Hem. se unió a una extraña partida de luchadores por la libertad compuesta por un tal Pioquinto Manterola, periodista y calvo; Alberto Verdugo, abogado y demente; Fermín Valencia, poeta manco y agente secreto; y Tomás Wong, proletario muerto y resucitado con el apodo de la Iguana Amarilla. Estoy seguro que esos nombres serán familiares al lector. No en vano son los mismos bragados y preclaros jugadores de dominó que, unos veinte años antes, consiguieron desmontar una oscura trama político - petrolera que, de haber prosperado, habría desgajado la zona petrolera de México en un estado independiente, dependiente de los EE.UU. Bueno, exactamente los mismos no son. Veinte años después, en palabras certeras del Poeta, son más inteligentes, más tercos, más cabrones, más emperrados... y menos completos.

Los nazis y sus adláteres mejicanos lo tienen crudo al enfrentarse a esta banda de cincuentones que, como los héroes de Dumas, no van a permitir que su México, pinche y lindo a la vez, padezca a la escoria nacionalsocialista en su propia tierra. ¿Qué buscan los alemanes en la selva chiapaneca? ¿Y en las costas del Golfo? La segunda pregunta tiene una más fácil respuesta: una base de aprovisionamiento para los submarinos que intentaban colapsar el comercio oceánico. Sobre el primer interrogante diremos que, tal y como ahora se ha hecho público acerca de Kennedy, Adolf Hitler necesitaba continuamente inyecciones de estimulantes para poder trabajar en pos de la destrucción del mundo. Y, cosas del destino, el mejor estimulante que sus médicos encontraron era la cafeína chiapaneca en estado puro. Si a eso unimos que una pirámide azteca, oculta en lo más intrincado de la selva, alberga en su interior secretos esotéricos por los que los consejeros del Fuhrer llevaban suspirando desde hacía décadas, el interés geoestratégico de México gana puntos en el mapa de operaciones de la II Guerra Mundial.

Nuestros cinco mosqueteros, ayudados esporádicamente por un extraño inglés que se hace llamar Graham Greene, por una senegalesa que tiene la facultad de leer los pensamientos ajenos, por un novelista cínico de nombre Revueltas y por todo un rey del danzón que trabaja en la embajada americana, tras una partida de póker celebrada en El Faro, un frenopático de las afueras del Distrito Federal, tomarán cartas en el asunto y... sería demasiado largo de explicar. Ametralladoras que se quedan sin munición, ritos extraños, puertas secretas, conspiraciones, daiquiris, lingotes de plata, secuestros, muertes y resurrecciones, alquimia y esoterismo, literatura y Beethoven y un largo etcétera de ingredientes conforman un espectacular cocktail que sólo un mago como PIT II es capaz de agitar y mezclar en las dosis justas y exactas para que conformen el más refrescante, sorprendente y excitante trago literario de este año.


 

 

Paco Ignacio Taibo II

 

 

EL CASO ARBOGAST
(Der Fall Arbogast)
©Thomas Hettche (2001)
Editorial :Tusquets (2002)
Traducción:Carlos Fortea

Ramón J. García

 

Patrick Dils es un ciudadano francés de treinta y nueve años que hace seis meses fue puesto en libertad tras pasar quince años en la cárcel, acusado de un crimen que no cometió. Quince años de reclusión, robados a la vida de este hombre, consumió la justicia francesa, paralizada por trámites burocráticos, antes de reconocer su error.

Acaba de publicar el relato de esa experiencia en un libro - Je voulais juste rentrer chez moi - (Solo quería volver a casa (n.T.)) del que por una extraña casualidad tengo conocimiento al sintonizar el programa "Tout le Monde en Parle" (Todo el mundo habla de ello), de Thierry Ardisson, nada más terminar la lectura de la novela "El Caso Arbogast", del joven autor alemán Thomas Hettche en una larga, fría, lluviosa y casi alemana tarde de invierno.

Thomas Hettche ha sido uno de los jóvenes novelistas invitados a la "Semana de las Letras Alemanas: La nueva Literatura Alemana", que organizada por el Goethe Institut ha venido desarrollándose a lo largo de toda la semana pasada en Madrid. Seguro que los asiduos a las librerías ya habían constatando desde comienzos de este año la lenta, paulatina y metódica inclusión de autores alemanes en los catálogos de las editoriales españolas.

El pistoletazo de salida vino, si no me equivoco, de la mano de Siruela, que allá por el mes de enero publicaba los melancólicos recuerdos RDA de Thomas Brussig en La Calle de la Alegría. Le siguió Destino, que poco después nos daba a conocer un precioso y contenido libro de relatos de Ingo Schulze "33 momentos de felicidad". Poco antes del verano Debate y Siruela apostaban por un joven cuyo nombre va a ser necesario tener muy en cuenta, un Patrick Modiano a la alemana, dueño de una prosa poética y de unos recovecos narrativos muy originales, llamado: Marcel Beyer. Y muy recientemente, poco antes de la Semana de las Letras Alemanas, Tusquets se unía a la cacería de nuevos talentos germanos con la publicación de esta novela negra, "El Caso Arbogast", que viene avalada por un inmenso éxito de crítica y lectores en Alemania. Todos ellos han estado durante esta semana en Madrid, junto a representantes de una pujante narrativa femenina - Tanja Drückers, Katja Lange-Müller, Inga Parei - poetas como Durs Grünbein que han recuperado la vena del Expresionismo en las calles de Dresden, o ensayistas finos como Hans Joachim Neubauer o Hans Magnus Enzensberger.

Pero además La Semana de la Nueva Literatura Alemana cobraba una nueva y especial significación cuando al abrir las páginas de la revista Spiegel conocíamos la muerte de Rudolf Augstein, fundador de esta publicación en 1948, su gran impulsor durante los difíciles, casi imposibles años de la post-guerra, y una de las figuras claves para entender a esa generación - Heinrich Böll, Grass, Sigfrid Unseld - que consiguió llevar a Alemania desde el punto cero hasta el estado de democracia moderna y capaz de generar alternativas, como los verdes, que parecen incapaces de afianzarse en ningún otro lugar de Europa.

La muerte de Rudolf Augstein, pocas semanas después de la de Sigfried Unseld, parecía venir a susurrar, durante esta lluviosa semana de la nueva literatura alemana, que toda una vieja, una luchadora y admirable Alemania, está desapareciendo poco a poco. Las fronteras de la Alemania actual son una Francia tras cuya malla conservadora se entrevé el fantasma gruñón de Le Pen, son la mafia italiana de Berlusconi por el Sur, es la Austria fascista de Heider por el Este. Y esta Alemania que hace apenas cinco semanas votaba de nuevo por una alianza de verdes y socialistas, como un último e inesperado bastión de la izquierda europea, que se deshace en llanto por la muerte de Augstein o de Unseld, que da el "no" más rotundo a la guerra contra Irak, que cruje en un último intento de salvar el estado del bienestar bajo la presión del capitalismo más salvaje, se merecía vivir durante una semana al ritmo de sus autores y de su voz.

En el momento de escribir estas líneas esa Alemania es un bastión cada vez más precario: la economía de Alemania se hunde, el agujero en la Hacienda pública es incalculable, y las consecuencias para el resto de Europa pueden ser imprevisibles. En medio de todas estas incertidumbres e interrogantes, la novela de Thomas Hettche tiene sobre todo la virtud de recrear lo que fue la Alemania de los Rudolf Augstein, de las gentes del Grupo 47, transportando una historia exactamente similar a la del ciudadano francés Patrick Dils al marco temporal de la posguerra alemana: 1955-1969.

Es una novela escrita en blanco y negro, y que rescata imágenes de tonos muy similares a las que uno podría encontrar en las películas de Alexander Kluge, Scholöndorf o Fassbinder, aquellas películas que Rudolf Augstein financió con su propio bolsillo y que hoy son ya una manera sentimental de acercarse a toda una época de la historia de Alemania: ese periodo en que Alemania creía estar resurgiendo de sus cenizas, lenta y dolorosamente, cuando en realidad no era más que una alquilada sobre un territorio colonial que ya se había convertido en ajeno - la amarga realidad a la que los alemanes despiertan ahora.

Dentro de una novela que se desenvuelve en varios planos, esta recreación histórica, captada con una rica y sorprendente paleta de matices, es sin duda la más interesante. Es muy interesante también el modo en que Thomas Hettche aborda la destrucción psicológica de su desdichado protagonista, Hans Arbogast, al cabo de 15 años de vida en prisión. Y encuentro mucho menos interesante el plano en que Thomas Hettche intenta jugar al thriller, como modo de retener la atención del lector, apelando a los recursos que Patricia Cornwell ha puesto en boga basándose en todas las triquiñuelas y complejidades del universo y la práctica de la medicina forense. Sólo que, Thomas Hettche es un escritor infinitamente más sutil, más inteligente y más sensible que Patricia Cornwell.

El pobre Arbogast podría haberse pudrido hasta el fin de sus días en la cárcel de no ser porque, al cabo de quince años, su caso atrae la atención de un misterioso y dilettante escritor de novelas policiacas, Fritz Sarrazin. Convencidos de la inocencia de Arbogast, Sarrazin y su abogado de confianza trabarán contacto con una eminente patóloga de la RDA, una mujer que vive literalmente en comunicación con los muertos.

Arbogast vive también, desde su celda, en comunicación con una muerta: pero, ¿servirán los conocimientos de la patóloga para superar las pruebas que quince años antes, en una Alemania muy diferente, le incriminaron? Thomas Hettche se vale de esta incertidumbre para mantener en vilo la atención del lector hasta la última página: pero sería muy pobre si se quedara simplemente en eso.

Hay más: los muertos vuelven a veces, por extraños caminos, del tiempo en el que están sepultados, y el lector descubrirá uno de esos retornos en una magnífica escena ya casi al final que sólo podría salir de una mente alemana: una mente alemana que ha procesado a su manera a Hitchcock. Hettche, aparte de un muy fino sentido del humor, tiene un conocimiento muy íntimo, entrañable casi, de los grises años de la Alemania de los años 50 y 60: una Alemania que al lector, con toda seguridad, le agradará conocer, como trasfondo de una historia que, con toda seguridad, le va a interesar, e intrigar.


 


Thomas Hettche

 

Black & Blue
©Ian Rankin 1997

Ed. (RBA) y Ed. B Punto de Lectura
Traducción: Francisco Martín

Zeki


Ian Rankin declaró en una entrevista hablando de sus libros anteriores:
" …sólo son buenos a partir de 'Black & Blue', cuando fui padre de un niño discapacitado y volqué toda mi rabia en la literatura." La fuerza que encierra este relato es tan poderosa que probablemente, solo un autor talentoso con la emotividad a flor de piel pudo escribir una novela como esta. Rankin ganó con esta novela el prestigioso Premio Daga del Oro otorgado por los CWA. Y fue nominado al Edgard a la mejor novela.

Al inspector John Rebus le resulta difícil someterse a la disciplina de la cadena de mando, le resulta difícil la burocracia y eso le causa algún que otro trastorno recurrente. Recientemente a sido mutado a una comisaría en Craigmillan, -Fort Apache- en pleno proceso de mudanza, un barrio conflictivo. Represalia de un superior, hartos de sus continuas insubordinaciones e insolencias, no pueden sin embargo prescindir de él porque es uno de sus elementos más perseverantes y valiosos.

A Rebus le persigue su pasado; un antiguo compañero: Lawson Gedder, al que ayudo en su día, a detener a un sospechoso de asesinato, acaba de suicidarse. Spaven, el detenido en cuestión ya se había suicidado anteriormente en la cárcel, después de escribir un libro en el que acusaba a los policías: Lawson Gedder y John Rebus, de haberse inventado las pruebas que sirvieron para detenerle.

Rebus, al que sus superiores acaban de abrir una investigación por esos hechos, siempre sospechó que su compañero Lawson Gedder había falsificado las pruebas que consiguieron la condena de Spaven. Sus superiores… presionados por los medios, sobre el expediente Spaven y en particular por cierto programa de televisión de mucha audiencia, quieren demostrar una eficiencia que parece no tuvieron en su día. John Rebus se huele la encerrona, esta solo y es la victima designada, para colmo esta obsesionado por un caso antiguo sin resolver: John Biblia. Un asesino en serie que después de cometer unos asesinatos a principio de los años 70, desapareció sin dejar rastro y que ha desatado las ansias emuladoras, de un nuevo Johny Biblia que va sembrando en la actualidad, Escocia, de asesinatos de jóvenes muchachas. A eso se añade un extraño homicidio de un trabajador del petróleo…con contactos con el hampa escocesa, y algunos policías que no le hacen asco a los trajes de firma y las joyas de proveniencia oscura.

John Rebus perseguido por un locutor de televisión sin escrúpulos, un superior al que tachó de corrupto y que es el encargado de la investigación del caso Spaven, del cual él, es el máximo sospechoso, y un asesino en serie que lo tiene obsesionado, va tirar de los hilos vigilado de cerca por el sargento Jack Morton que le han puesto de niñera. Lo unico bueno es que Jack es un buen tío, abstemio desde hace poco y que le ayudará en lo que pueda…y lo primero será, dejar la botella… cerrada…y pintar su piso.

Edimburgo, Glasgow... las ciudades y pueblos de la Escocia Industrial son el entorno en el que se desarrollan los hechos. El contexto descrito por Ian Rankin con intimo conocimiento y de manera magistral, permiten al lector, en una sucesión de instantáneas, situarse con precisión en el lugar de los hechos. Igual de reales resultan los caracteres de los personajes, construidos con mimo hasta en los pequeños detalles- "Tendió la mano y Rebus se la estrecho. Masón como casi todos los del cuerpo. Rebus sin ser de la cofradía había aprendido a imitar su manera de dar la mano."-
Black and Blue no es la historia lineal de una investigación, es la narración de las vivencias de unos personajes enfrentados a sus limites y las capacidades que tienen para superarlos. Es el relato de unos sucesos luctuosos en unas ciudades post-industriales reconocibles. Los obstáculos de una cadena de mando pusilánime, más preocupada por la opinión que forjan los espectáculos televisivos de masas, que por atrapar a los verdaderos culpables y un hombre cabreado fumador bebedor pero con un prurito permanente por su trabajo de donde saca sus fuerzas. El lector tiene la impresión de caminar a través una lluvia incesante por unas calzadas llenas de asfalto pringoso.

Ian Rankin es otro de esos autores que escoge la novela realista de la que la novela negra, es el mejor exponente para diseccionar las sociedades post-industriales de fin del siglo XX y comienzos del XXI. Consigue a través de unas fábulas negras post modernas, dar de lleno en la línea de flotación de esas entelequias liberales de la globalización y el fin de las ideologías.

Para aquellos que creen que la novela negra esta en crisis, les recomiendo una lectura lúdica de las obras de este autor, que maneja los resortes del género con una naturalidad soberbia, valiéndose únicamente de personajes muy comunes en su esencia, unos escenarios identificables y unos hilos argumentales muy tradicionales: la codicia, el miedo y el desequilibrio, para pergeñar un hito de este género, allí donde entronca con la literatura universal.

 

 

Ian Rankin

 

Otra crítica

GUIONES ARGUMENTALES
Pedro Víctor Debrigode Duggi
El Vigía editora Colección Zafir 2002
(calle Delgado Barreto, 52. 4º. p. 65 - 38204 La Laguna)

JRC

De vez en cuando alguien nos revela la existencia de algún escritor "injustamente olvidado". Uno tiende a pensar: "Si está olvidado no será tan bueno, y seguramente el olvido es justo y necesario". Y más cuando hay tantos intrusos ocupando la pista de baile, insistiendo en que nos traguemos sus torpes pasos. Pero a veces ocurre que quien ilumina una obra olvidada (en este caso, la revista El Vigía) tiene razón.

A juzgar por Guiones argumentales, Debrigode es un autor que merece ser recordado, rescatado y leído de nuevo. Su estilo y sus argumentos están en las corrientes que hoy marcan los rumbos dominantes de las artes de la literatura y el cine.

El primer cuento del libro, "Brazo gitano", narra la vida de una sueca, medio pirada, retirada en Lloret de Mar, que se dedica a enterrar a sus animales muertos en el jardín de su casa, y supuestamente entierra también los animalitos de una vecina; aunque en el caso de la vecina, el lector y la sueca acaban descubriendo que los restos mortales no son de animal, ni únicamente animales es lo que ha enterrado la sueca (por propia cuenta) en el jardín. Una amarga historia de amor antiguo que sale de nuevo a la luz merced al arte esmerado del marroquí Kasim, un descuartizador profesional.

En "Creo que era amor", la tinta de una carta de amor, cuya firmante no escribió, queda empapada y borrada por la sangre de un hombre que es ejecutado injustamente.

"Esta muerte tan deseada" es también un cuento en que amor no correspondido y muerte cruel son infeliz matrimonio. Una buena muchacha, una florista, busca que la maten para que "su amigo" pueda cobrar un seguro de vida.

En "La hora de la verdad", el que quiere cobrar (la herencia) y recobrar la libertad para irse tranquilamente a los brazos de otras mujeres es un marido que acusa a su jefe, con argumentos sólidos, de un crimen que él mismo ha cometido. El tiro le sale por la culata, porque el jefe por algo es jefe y no se chupa el dedo.

En "Rejones en la noche" una mujer cordobesa, como las que pintó Romero de Torres, consigue sus propósitos: hacer que protejan a su hijo y hacerse querida del protector. La protección se torna patíbulo y el protector en verdugo involuntario. La cordobesa pierde la hermosura y enloquece, y las dulces palabras de amor se transforman en agrias maldiciones. "Tragigrotesco" llamó a su arte el propio Debrigode.

En el ensayo ficción con que concluye el libro, el autor se entrevista a sí mismo y da cuenta de su manera de encarar la escritura.
Pedro Víctor Debrigode Duggi trabajó para Bruguera, no sólo como escritor (fue él quien descubrió la valía de Corín Tellado), y tuvo una infinidad de pseudónimos (Arnaldo Visconti, Arnold Briggs, Geo Marvik, P.V. Debrigaw, Peter Briggs, Peter Debry, V. Debrigaw, Vic Peterson). Vivió los últimos años de su vida en la villa de La Orotava, donde la muerte lo encontró en el año 1982.

Pedro Víctor Debrigode Duggi

 

Un rastro del pasado(1996)
(With Child)
© Laurie R. King
Ed. UMBRIEL 2002

Zeki


Con un Premio Edgard en su haber por "Paisaje con sombras" su primera novela y la primera de la serie de Kate Martinelli, Laurie R. KIng se esta convirtiendo en una autora insoslayable dentro del género. A pesar de su apellido, la manoseada promoción de reina del misterio de la que abusan algunas editoriales para intentar vanamente colmar algunas deficiencias de una grey aristocrática muy poco dotada para el arte de narrar, no se aplica, felizmente, con esta autora. Laurie R. KIng, usando un lugar común de la crítica literaria, maneja los resortes del género con un conocimiento perfecto.

Estamos ante una autora que a sabido aunar el procedural, la investigación clásica, y el suspense, subgéneros dentro de la novela negra, con una originalidad de planteamiento arriesgada. Rompiendo con una de las reglas del relato policial que quiere que la historia empiece al revés, es decir que el crimen ya ha sido cometido o se comete en las primeras páginas, y desde ese acontecimiento el protagonista -detective-va reconstruyendo los hechos para arreglar, según los estudiosos, el desasosiego del lector ante el caos producido por un hecho que pone patas arriba sus tradicionales creencias.

En este caso, las dos primeras partes del relato son la preparación de ese hecho extraordinario que va a derrumbar la aparente seguridad de los personajes. Ese punto preciso del derrumbe, es el punto culminante de la narración donde los hilos que se han ido tejiendo a lo largo del relato se transforman en madeja cargada de una electricidad que el lector recibe como una descarga. La minuciosa y previa instalación de esos resortes de los que hablábamos más arriba, puede llegar a impacientar al lector, de ahí el riesgo del planteamiento, pero el estilo fluido y económico hacen que uno se resista una y otra vez a renunciar de seguir leyendo… Cuando nuestra paciencia, agotado el cupo de benevolencia, parece haber llegado a su fin, como un cálculo premeditado… ocurre la descarga… el trallazo que coge al lector desprevenido y… La continuación no es más que una necesidad imperante de alcanzar ese sosiego a través de un premeditado suspense por el que nos tiene atrapados la autora y que va destilando a base de formular expectativas que el lector necesita comprobar de manera compulsiva.

El desbarajuste sentimental de Kate Martinelli es algo que comparte con muchos protagonistas de novelas policiales, más si son profesionales de la policía. Pero si además eres mujer y lesbiana, la presión que recibes por parte de tus colegas machos… puede llegar a ser insoportable. Basta que tu compañera haya sufrido un grave percance, donde tú seguro que tuviste algo que ver, y que ese anterior episodio la haya dejado paralítica… para que tu estado anímico este por los suelos. Pero… si tu compañera decide alejarse de tu asfixiante presencia, entonces ya … como que no estas para jugar a detectives por cuenta de la hija de una amiga que quiere encontrar a un amiguito suyo desaparecido en el parque. Aún así, ya que esa hija de una amiga, es también amiga tuya y su madurez poco común te enternece… decides encontrar a su amiguito, aún previendo que a estas horas ya será pasto de pederastas en el mejor de los casos…o pasto de funeraria en el peor. Cuando ya no puedes más…es cuando en esa pesimista búsqueda te atizan un golpe en la cabeza que te manda al hospital y te deja por secuelas unas recias migrañas que amenazan con convertirse en recurrentes de por vida.

Necesitas aire… viajar. Al diablo con todo, te marchas con Jules, la niña de la amiga, un fin de semana perdidas…
Y….ZAS…ZAKA…BOUM… Ocurre el trallazo.

El penitente lector, no tendrá sosiego hasta haber llegado a la palabra….

FIN



Laurie R. King

 


"Sombra de la sombra"
Paco Igancio Taibo II
Ed.B 1989
(reeditado por Txalaparta, 1996)

Jesús C. Lens Espinosa de los Monteros


Entre las "Veinte reglas para escribir un relato de intriga" que, en 1928 publicó S.S. Van Dine encontramos la que así reza: "No debe haber más que un detective, un protagonista de la deducción. Juntar las mentes de tres o cuatro detectives para resolver un problema dispersa el interés y rompe el rastro directo de la lógica, además de adquirir una ventaja nada limpia sobre el lector... es como hacerlo correr contra un equipo de relevos". Se suele decir que si las normas existen, es para romperlas, violarlas y hacer tabla rasa con ellas. ¿Sospecharía Van Dine que a finales del siglo XX iba a aparecer un autor de novela de intriga que, gozosa y festivamente, iba a destrozar no sólo la regla novena, sino prácticamente todos y cada uno de sus postulados?

En la maravillosa "Sombra de la sombra" son precisamente cuatro los detectives. Y el lector no siente que esté corriendo contra un equipo de relevos sino que, dada la desbordante imaginación que derrocha su autor, el universal hispano-mexicano Paco Ignacio Taibo II, en cada capítulo, se siente como un atleta que participa en la Maratón de Nueva York y tiene que luchar contra muchos miles de contrincantes. Sin embargo, ¿qué es lo auténticamente excitante de esa carrera? Ganar no, desde luego. Lo apasionante de tomar parte en una carrera popular es tener la ocasión de participar, de conocer distintos atletas, de correr, de sudar... y de terminar. Así, los entrañables Pioquinto Manterola, Tomás Wong, el Poeta Valencia y el Licenciado Verdugo constituyen uno de los mejores y más fabulosos equipos de rivales a los que he tenido la suerte de conocer y con los que me he tenido que enfrentar como lector de novela negra.

¿Cómo no amar incondicionalmente a unos tipos que, cuando van a visitar al convaleciente periodista Manterola al hospital, lo primero que hacen es tirar las flores y el agua del vaso que las sostiene y utilizar éste de cenicero, para, acto seguido, descolgar de la pared un grabado religioso de Durero y utilizarlo como base para montar uno de esos ilustrativos juegos de dominó con el que los protagonistas nos/se deleitan? PIT II es un tipo a todas luces excesivo, inclasificable, mestizo, heterodoxo, dionisíaco, prolífico y dotado del don de la ubicuidad literaria. Novelista e historiador, su capacidad para entreverar sus obras de lo mejor de ambas disciplinas le convierten en un autor total para el que las fronteras no existen. Ni las fronteras ni, mucho menos, los límites. Todos sus relatos son un a priori inverosímil mezcla entre novela negra, realismo social, denuncia, aventuras de capa y espada en versión del siglo XX y, por supuesto, un humor descacharrante. El resultado es una serie de novelas tan divertidas como apasionantes, intrigantes y comprometidas con los parias de la tierra.

En "Sombra de la sombra", PIT II, además de literato, fundador y organizador de la famosa Semana Negra de Gijón, nos novela un hecho real: el intento, allá por los años 20, de desgajar las tierras del norte de México, precisamente las que albergaban la mayor parte de las reservas petrolíficas del país, para que fueran anexionadas por los EE.UU. tras una efímera independencia como la República Independiente... del Oro Negro. Personajes históricos reales tienen el honor de participar en las aventuras de nuestros cuatro protagonistas. Comparten con ellos tragos largos y tiros certeros, noches en casas de lenocinio y tugurios varios con días de lucha anarquista en mitad de las huelgas gloriosas de aquéllos turbulentos años, pesquisas detectivescas con noches de sexo tórrido, premios de lotería y sesiones de hipnotismo con retruécanos, ripios, poemas y crónicas rojas.

Todo ello en el marco de un Distrito Federal que, por aquéllos entonces, aún no se ocultaba bajo el smog, ese manto de contaminación, polución y miseria que envuelve a la capital de México de final de siglo. El DF posrevolucionario era también turbulento y agitado, pero las figuras de Villa y Zapata todavía ejercían un notable ascendiente en sus habitantes, la Idea prendía como la yesca en los corazones nobles y la solidaridad era algo más que un mero truco de márketing bien rentabilizado por publicistas y relaciones públicas. Por fortuna, tenemos a Paco, el cronista oficioso de una ciudad tan mágica como fabulosa, tan real como, a la vez, irreal; para que nos la cuente con la pasión y el humor que le son característicos.


Paco Igancio Taibo II
Firmar el libro de visitas

© Zeki Gijón diciembre 2002